Poema de Águeda Franco

Quemamos palo santo.
Sahumamos debajo de las camas
dentro de los roperos
en las esquinas
de las habitaciones.

No quisimos guardar
el olor de la pena.

La casa se llenó
de un humo perfumado
que enrojeció los ojos.
Quemamos asimismo
pedazos de pasado
lo que no ocurrió nunca
lo que ya no seremos.

Humo de palo santo
purificando el alma de la casa.

Después
en el umbral
esperamos la luna
con la espalda liviana.

Águeda Franco

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